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De El Burgo a Ucero

Berzosa

En Berzosa destacamos San Martin de Tours.

San Martín de Tours

La iglesia, reformada en el siglo XVIII, conserva de su pasado románico los muros de su única nave, su portada fachada de fines del siglo XI y una airosa galería porticada ligeramente posterior en el tiempo. La portada es de medio punto, con tres equivoltas decoradas con ajedrezados y entrelazados que recuerdan a la de Andaluz. Los rudos capiteles que las sostienen están decoradas con motivos vegetales y animales, destacando unos leones afrontados, una confusa representación que nos recuerda la escena del asno de Balaan y extrañas figuras humanas que parecen danzar. Este acceso está protegido por un pórtico cuyas arcadas de medio punto se sustentan sobre columnas con fustes cuádruples, tallados de un solo bloque. Los capiteles vuelven a repetir la decoración vegetal con acantos y parejas de leones muy esquemáticos. En el interior, el altar mayor se apoya en dos capiteles decorados con ramas de acanto. Se conservan además una interesante talla de un Cristo en la Cruz románico de finales del siglo XVIII y un Calvario del XIV.

Fuentearmegil

En Fuentearmegil San Andrés presenta un interés especial.

San Andrés

De una sola nave, fue reformada en época barroca. Se cubre con un interesante artesonado mudéjar, recientemente restaurado. La influencia árebe queda ratificada en un arco de herradura de cronología califal, y que pudo pertenecer a una torre defensiva ya desaparecida. De su primitiva factura románica solo conserva los canecillos entre los cuales se puede descubir un diablillo y la pila bautismal que se aloaja en su interior, decorada con secillos gajos.

Ucero

San Juan Vautista y la Ermita de San Bartolomé hacen de Ucero un punto importante del recorrido.

San Juan Bautista

Es una construcción postmediaval, que guarda un buen conjunto de imaginería gótica compuesta por un impresionante Cristo y tres Vírgenes, junto con una modesta pila románica decorada con dos series de arquillos ciegos.

Ermita de San Bartolomé

Situada en el corazón del Parque Natural del Cañón del Río Lobos, está considerada como resto de un importante enclave templario. La antigua San Juan de Otero se edificó con probabilidad a principios del siglo XIII, y representa un notable ejemplo constructuvo de las postrimerías del románico. Tiene planta de curz latina, caso casi único en el románico soriano.
Las capillas laterales son más bajas que la central y se iluminan con sendos rosetones abociandos en el exterior y cubiertos con un celosía en piedra, que denotan una marcada influencia árabe. El ábside de tambor está articulado por cuatro contrafuertes. En los tres paños se abren sendos ventananales cuyas arquivoltas repiten la decoración de puntas de diamante. Los canecillos son lisos, aunque en el brazo sur del crucero y en la fachada se decoran con motivos figurativos y geométricos. Su fachada nos está indicando el advenimiento del gótico, pues presenta una elegante arcada muy apuntada de seis arquivoltas con sobria decoración, que se sustenta en columnas de fustes muy esbeltos.

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