El ejercicio de la beneficencia durante el Antiguo
Régimen es preciso contemplarlo teniendo en cuenta la estrecha imbricación que existía
entre lo sagrado y la vida cotidiana. La práctica de la caridad se inscribía en el
ámbito soteriológico, de la esperanza de salvación del alma, tanto para el pudiente que
demostraba su largueza cumpliendo con una cristiana virtud, como para el pobre que,
accediendo a esa atención, se resignaba cristianamente y asumía su situación como
resultado de la voluntad divina.Esta práctica de la beneficencia también busca, en el
ámbito de tejas para abajo, asegurar la vigencia de la situación económica y social al
eliminar conflictos sociales contra el sistema establecido. De ahí el interés de que esa
labor de munificencia fuera conocida. En este contexto es preciso explicar los cuadros en
los que aparece un personaje repartiendo limosna o la colocación de los escudos de armas
en los edificios construidos a costa de sus titulares.
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